Lo prometido es deuda, y parece que una vez escrito mi própósito de volver a postear, los hados decidieron conjurarse para crear una situación que mereciese un comentario en este blog. Y ahora entiendo porque una maldición dice "que se cumplan todos tus deseos". Ya podían habérselo tomado los hados con menos celo, que me hubiera ahorrado lo de ayer con mucho gusto.
Entrando en el tema, os pongo en situación: 8 de la tarde aproximadamente, centro de una ciudad de nordeste español (uy, parece el principio de un reportaje de Iker Jimenez.... qué creepy!!, en una conocida cadena de macrotiendas, que últimamente ha desarrollado ínfulas cool e intenta parecerse a tiendas como Gallerie Lafayette, Harrods.... (por cierto, en mi muy modesta opinión, no consiguen ni parecerse a esas tiendas, ni falta que hace...)
Me dirigía cruzando la planta calle hacia las escaleras mecánicas charlando desganadamente para intentar quitarme de encima el hastío y el mal humor que producen una mañana intentando "armonizar" nuestros procedimientos según las exigencias europeos, "armonizar" las mentes de mis compañeras para que comprendieran at last qué tenían que hacer, "armonizar" mi mente para no agredir a nadie, y finalmente intentar alcanzar la armonía con el universo durante un curso de tres horas denominado "Redacción de normas jurídicas".
En ese estado de "iluminación interior" me dirigía hacia las escaleras para iniciar la ardua tarea de comprar un regalo (cuya dificultad es directamente proporcional al cariño que le tienes al destinatario), cuando de repente un movimiento en uno de los laterales de mi campo visual me hizo mirar hacia aquel lado... ¿y qué creeréis que ví?
Una empleada de la susodicha tienda de aproximadamente mi edad, llevándose horrorizada la mano a la boca y comentándole a su compañera que se encontraba a su lado, ¡PERO MIRA QUÉ FALDA!
Como podreis imaginar la falda que había causado el horror cercano al shock a la joven dependienta era la MÍA. Creo que lo único que me detuvo de ir y emprenderla a bolsazos con ella (y mi bolso es realmente un arma peligrosa) es lo cansada que estaba, lo poco que en el fondo me importaba, y sobre todo, el hecho de que si hubiese ido a cantarle las cuarenta, con toda seguridad ella hubiese negado haber hecho tal comentario.
Luego el cabreo me fue subiendo según subía por las escaleras mecánicas y se convirtió en una rabieta para cuando llegué a la cuarta planta. Habiendo dormido y trabajado un poco (bueno, un mucho), creo que me he calmado lo suficiente para hacer una serie de consideraciones racionales:
- Primero: SERÁ P**A!!!! (Pues parece que no estoy tan calmada y racional como pensaba...)
- Segundo: La falda es preciosa, la compré en Desigual y además de costarme una pasta, es moderna y muy cool. Y me gusta mucho c*ño!!!!
- Tercero: Las normas básicas de educación que, en su afán por estar mona, han debido de resbalarle de su solitaria neurona, establecen que debe evitarse ser grosera con la gente de forma gratuita, y sobre todo si la gente no te conoce y no le importa en absoluto su opinión.
- Cuarto: Las nenas con empleo a tiempo parcial en una tienda tendrían que recordar los principios básicos de la atención al público: estás al servicio del cliente y tienes que darle un trato educado, profesional y agradable... que parece que a veces te hacen un favor atendiéndote.
- Quinto: Odio sonar tan carca pero en este país se están perdiendo las formas. J**er! si no te gusta tu trabajo, te buscas otro que te guste más, pero no jorobes a los demás, que no vamos pagando nuestras frustraciones con los otros. Criticar a los demás no hará que tu m***da de vida mejore. De hecho espero que no mejore, porque no te lo mereces....
En conclusión, y después de este mensaje tan odioso (o lleno de odio), quiero acabar con una nota positiva: me voy a seguir poniendo la falda y voy a ir más contenta que un chipirón. Así que tu estupidez no va a tener ningún efecto!!!!
Ahí queda eso